Un nuevo comienzo


Quiero escribir un poema
sobre la bronca que me da
la gente haciendo deportes en las plazas,
pero me di cuenta
que no se trata de eso,
sino de la bronca que me da
no estar haciendo deportes.

Mi poema crece
a la velocidad de mi panza
y veo cuerpos randoms,
a veces esculturales,
no siempre deseables,
¡deseantes!
Intentando amoldar el deseo a su carne

Tenía muchas imágenes ocurrentes,
como comparar a los runners
de la plaza Arenales de Devoto
con zombis
buscando oxigenar sus cerebros:
blancos fáciles,
con sus ropas flúor
Siguiendo los comandos de alguna app
Vestidos en casas de Nombres Famosos
Pero tampoco pasa eso.

Lo que pasa
es un ritmo sordo y repetitivo
muy poco glamuroso
un golpeteo de músculos contra el suelo,
y gente -Personas,
grandes, jóvenes,
bellas y horribles-
dando círculos,
repitiendo
un ritmo
un ritual
repitiendo
el cuadrado de la plaza.

Mi enojo
es también por
la usurpación del espacio verde
de niños, familias, perros, viejos,
su desmembramiento obsceno
de la Res Pública
y
antes que todo
mi desazón ¡por tener que verlos!

¿Escribo este poema
porque yo también
quiero ser un zombi?
No
Hacer deportes no es ser un zombi,
o una extensión de la vidriera
de un shopping de pueblo.

Mover el cuerpo
es mover el cuerpo:
sea deporte, sexo o baile.
¿Y acaso mover el cuerpo
no es un poco todo eso?

Penosamente lo arrastramos
de un lugar a otro
y lo hacemos depositario
de frustraciones y excesos,
todo gracias
a su increíble capacidad
para seguir funcionando.
¡Qué difícil es morir!
Y, sin embargo,
hacia allá vamos.

Golpear los músculos
repetitivamente
contra el cemento
de la plaza-vidriera de barrio
no te salva de la muerte,
pero la vida
está en atrapar el momento
y en evadir la neurosis.

Por suerte, pude mudarme
de ese barrio shopping
y ahora,
en la vereda de mi nueva casa,
una señora con joroba
camina lentamente,
rengueando,
cargando una bolsa del mandado
en cada mano.

Me detengo,
espero a que pase
por en frente de la puerta de mi entrada.
Espero en silencio
Espero mil años
en medio de un tiempo nuevo
que es absolutamente antiguo
mientras Mandy descansa
de un largo paseo.

La veo
entre la sombra de las ocho de la noche
y me alegra el corazón
-al fin estoy en un barrio real-
si ella puede yo puedo


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